El diccionario define el impacto como “la acción de un objeto que viene forzosamente en contacto con otro: tener un efecto marcado o influencia; un fuerte efecto.”

Los líderes de hoy parecen reconocer que parte esencial de su “kit de herramientas” es la capacidad de provocar una fuerte impresión, y la forma en que se conectan con la gente dice mucho sobre su capacidad para implementar estrategias, inspirar visión, vender, persuadir, convencer, motivar y atraer a la gente para alcanzar sus objetivos.

Como comentan Williams, Binney y otros en el libro “Living Leadership”, los líderes de hoy están “en el escenario” y el personaje que crean, el impacto que tienen está constantemente expuesto y es responsable tanto por el éxito personal y profesional.

Muchos líderes logran su éxito profesional porque han sido capaces de destacar con sus habilidades técnicas en su carrera elegida como abogados, científicos, médicos, ingenieros, contadores, etc. Estos pueden encontrarse promovidos en roles de liderazgo porque son brillantes en sus trabajos.

Sin embargo, en sus roles como líderes pueden abarcar muy poco de su habilidad original. Es más probable que el rol de liderazgo incluya habilidades blandas —como ganar los corazones y las mentes de los interesados ​​internos y externos… el arte de crear un impacto personal potente, eficaz y memorable.

¿Cuál es la solución?

El impacto personal, la presencia personal, el carisma, etc., es difícil de definir. Si hubiera un conjunto de criterios absolutos que se pudieran aprender, estaríamos viviendo en un mundo tan extraño como en la película “The Stepford Wives” o alguna pesadilla de visión futurista creada en películas de la era espacial.

Sabemos que existen habilidades y comportamientos disponibles para todos nosotros, y los podemos aprender y desarrollar para maximizar nuestro poder de impacto en el espacio personal. Como sugirió el Prof. Richard Wiseman en su estudio sobre el carisma (Famelab 2005), un 50% del carisma es innato, pero el otro 50% es comportamiento aprendido, y como líderes podríamos —y deberíamos— reconocer el valor de esto y asegurarnos de que aquellas habilidades que puedan ser aprendidas sean efectivamente aprendidas.

Necesitamos adoptar un enfoque emocionalmente inteligente: aumentar nuestra autoconciencia, comprender cómo somos percibidos por los demás y gestionar nuestros comportamientos con los demás para tener el control y la confianza de brillar. Esta no es una solución única para todos, sino una oportunidad para reconocer nuestras fortalezas individuales en la comunicación y desarrollarlas plenamente.

El desarrollo del impacto personal debe ser dirigido por alguien que tenga una combinación efectiva de habilidades de aprendizaje y coaching. El objetivo es exigir y desafiar al cliente, y dar retroalimentación sensible, clara y constructiva.

Creemos que el impacto personal tiene tres áreas principales de enfoque:

  • Lo que otros ven
  • Lo que otros oyen
  • Lo que otros sienten

Centrarse en los “otros” es un elemento crítico del proceso de impacto personal. Si bien la autoconciencia es clave para entender cómo respondemos a las audiencias en una variedad de situaciones, cualquier acto de influir, persuadir o inspirar con la esperanza de generar un impacto requiere que entendamos exactamente lo que nuestros oyentes necesitan para de esa manera poder adaptar nuestro estilo para satisfacerlos. Aunque hay algunos comportamientos fundamentales que esperamos vivenciar en un líder confidente con presencia, normalmente habrá oportunidades para desarrollar habilidades en una de las principales áreas de enfoque o en las tres.

El enfoque práctico de TPC Leadership es aplicar habilidades apoyadas por la teoría relevante y esto encaja perfectamente con el modelo de desarrollo de impacto personal. Si bien la teoría puede reasegurar al cliente o grupo en vez de brindar cualquier consejo o simple opinión del coach, el principal enfoque debe ser la práctica y la aplicación de nuevos comportamientos. Esto hace que las sesiones sean divertidas y energizantes, que es una excelente manera de aprender. Los participantes desarrollan una visión experta sobre la persona —una nueva manera de observar—; esto puede tranquilizar y revitalizar al individuo y su manera en comunicarse con más confianza.

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